Caminando por el centro de Melbourne encontré un mercado ecológico frente al Río Yarra, toda clase de productos se ofrecían a precios inflados con la promesa de que el 20% del valor de los productos sería destinado a causas pro-ambientales.
Decidí pues recorrer todo el mercado, y después detenerme frente al río a comer la manzana que había lavado antes de salir del departamento mientras leía un poco; después de observar algunas bicicletas a la venta, decidí que era hora de sentarme en alguna banca.
Mientras buscaba algún lugar adecuado, se acercó un chica con un panfleto que según ella era “una invitación al mundo vegetariano.”
Lo recibí más que nada para quitármela de encima pronto, y al mirar la portada debo confesar que me interesó un pequeño apartado que decía: “. . . con recetas incluidas.” La realidad es que cada vez le pierdo más miedo a la cocina, y la idea de tener un recetario en mano me ilusionó bastante.
Claro que toda expectativa se vino abajo cuando al abrirlo, me di cuenta de que las 2 hojas de recetas perdían peso en la balanza frente a las otras 18, con fotos con animales mutilados, torturados, y con mutaciones.
Me pregunto ¿exactamente qué pasa por la cabeza de las personas que imprimen esta clase de panfletos?, si solo fuesen recetas vegetarianas con fotografías incluidas, el estómago me habría empujado a probarlas (proceder natural a mi forma de ver las cosas). Pero me pregunto si en algún momento, durante el proceso de edición e impresión, alguien dudó si al poner juntas recetas junto con las fotos de animales mutilados la gente no las asociaría a tal grado que al pensar en cualquiera de los platillos ofrecidos como opciones éticas, imágenes de pollos sin pico saltarían a la cabeza.
¿Qué es lo correcto en estos casos?...no me malinterpreten, si tuviera dinero yo brindaría feliz el 20% de mi apoyo y atención a empresas pro-ambientales; pero me molesta que en vez de generar interés entre la gente, el método más efectivo sea el promover asco.
Me pregunto si hay gente que carga un folleto con fotos de granjeros explotados, incluidas algunas imágenes de sus hijos desnutridos, y las condiciones de vida a las que se someten; sugiriendo precios triplicados para los vegetales, y haciendo sentir mal a los principales consumidores de alternativas éticas por ser parte de un problema tan grande como lo son las condiciones laborales de los agricultores.
¿Porqué simplemente no dar las recetas y esperar que la gula haga su trabajo?, es la historia de siempre, en lugar de promover desarrollo espiritual es más rápido promover el miedo al infierno.
Lo irónico de esto es que yo no estoy en contra del vegetarianismo, y últimamente me ha hecho ojos desde el horizonte, quien me conoce sabe incluso que mi novia es vegetariana (¡y deberían verle el cuerpo!); he aquí una buena propuesta, panfletos con fotos de chicas que son vegetarianas, presumiendo la silueta, en traje de baño, cubiertas en aceite (vegetal por supuesto), e invitando de esta forma a que la gente se acerque a probar este tipo de cocina.
De conciencia se que el 99% de mis amigos (quitando de la lista a “el Denver”) preferirían salir con una chica esbelta de ensaladas que con una obesa de taquerías; entonces dejemos de imprimir panfletos y promovamos un vegetarianismo no amarillista (sobre todo entre mujeres).




